Hoteles de hielo. Aunque no lo crea
July 17th, 2007 by Theophilus
La otra vez, leí algo que me dejó anonadado. Y quiero compartirlo con Usted. Sin más rodeo, se trata de una locura. Una verdadera locura hotelera. ¿Se imagina dormir rodeado de hielo? ¿Comer en bloques de hielo? ¿Pasar las vacaciones con frío? Es una total hazaña. Estamos hablando de tres hoteles friolentos, ubicados en Jukkasjärvi (Suecia), Montmorency (Canadá) y Groenlandia. Tienen nieve en los techos y se renuevan cada deshielo.
Cientos de visitantes llegan mensualmente a tierras gélidas. Normalmente, los motiva la posibilidad de practicar deportes de invierno o alguna razón extra turística. Pero, ¿qué nivel de osadía tienen aquellos que elijen destinos helados para pasar sus vacaciones en hoteles helados? ¿Qué nivel de aventura? Se constituye, pues, una atrevida forma de alejarse del mundo laboral o estudiantil para encontrar ‘tranquilidad’. En teoría. Pienso que más que su monótona estética, brilla el desafío. El reto que atrae a almas evidentemente retadoras. Y poco calientes.
Imaginemos el escenario interno. Es una verdadera locura (disculpen la reiterada confesión). Cómo no me puedo sorprender si absolutamente todo es de hielo. Los vasos, que se derriten lentamente; las mesas, que enfrían nuestros codos; las columnas, de ojos inexistentes; las lámparas, que nos calientan con ironía; y las camas, que emanan oníricos aires invernales. Los objetos más simples son también de agua sólida. ¡Pum! Se me ocurrió una reflexión: si un bloque de hielo es agua sintetizada, en algún momento estos celestes palacios hoteleros se van deformando. Tal vez por ello leo que “su diseño es diferente cada temporada, se adapta a las últimas novedades artísticas”. Qué trabajo.
¿Logra Usted dar cabida mental a esta posibilidad? ¿Cómo imagina un recorrido por los ambientes de este albergue friolento? Acá un breve itinerario: por las mañanas, los huéspedes salen de sus gélidas camas –cubiertas con pieles de renos, animales abundantes en estos lares- para balancear su temperatura tomando una bebida muy caliente. Tras este primer alimento, se alistan para visitar algunos baños sauna (considerados dentro de la tradición europea “sanadores del alma y cuerpo”). Las comidas se sirven sobre bloques sólidos y las charlas tienden a temas cálidos. Por lo menos, hay que calentarse con las palabras. Al fin del día, los osados se guardan como cartas en sus sobres. Unas bolsas especiales para dormir, con forro interior térmico, son el escenario de sus sueños. Esperemos que éstos no sean helados.
Otro aspecto: los hoteles sueco y canadiense tienen un don especial. Utilizan muchos recursos para que sus habitantes se olviden del frío que sienten. ¿Como qué? Pues, ¿qué le parece una galería de arte repleta de obras estéticas bajo cero? ¿O un cine invernal con la cartelera más completa y actualizada? ¿Y qué hay de una capilla? ¿Le gustan los bares? Pues acá hay uno de hielo. Sólo que tiene que ponerse guantes. Recuerde que los vasos también son de ese elemento. El hotel danés también tiene su ventaja competitiva: camas con iluminación por fibra óptica. Vaya.
Sé que está sorprendido. Es la etapa crucial para decidirse. En este tipo de asuntos, se deja seducir por los encantos glaciales de estos lugares o los repudia al punto de evitar este texto. Las reacciones suelen ser tajantes. Pero no por ello, debe dejar de repensar sus ideas. Bueno, lo dejo reflexionando e imaginando. Hielos, fríos, sauna, invierno, cálido, tirita, trémulo, sauna, camas, renos, fríos, hielos, camas, renos, reto. Un gran reto.
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